miércoles, 6 de abril de 2011

Britney Spears : La mejor de todas


El diario Argentino Clarín hace una reseña sobre Britney
y su nuevo álbum Femme Fatale.

Sentí el terremoto , pide Britney justo ahora, no entendiendo
a Japón, Chile o Haití por “terremoto”, al parecer, ni
tampoco al de la vida misma, el suelo que se mueve sólo
bajo tus pies, el que deja de ser privado y se transforma
en comidilla pública, el terremoto malo, salida de pista
violenta justo en la curva en la que hay dos millones
de paparazzi y curiosos mirándote caer. El terremoto que
invoca Britney Spears en How I Roll , temazo de ese discazo
que es Femme Fatale , es un temblor horizontal, cuyo
epicentro es el parlante, su área de influencia la pista y
su intensidad toda la que el volumen y unos bajos gordos
como sorrentinos puedan entregar. Ahí, justo ahí elige
refugiarse Britney en su séptimo disco: pegada al parlante
y no sólo dejándose atravesar por el sonido (una de las
mejores sensaciones posibles, como cualquiera sabe) sino
, directamente, dejándose modelar por unos beats infecciosos
que arrancan apenas uno le da play al CD. Y no paran más.

No es bueno sobreinterpretar las cosas diciendo que acaso
Britney se haya refugiado en la pista de baile porque ése
es el lugar en el que más segura se siente y bla, bla, bla ,
porque eso equivaldría al extremo opuesto de aquel crítico
de la Entertainment Weekly que atacaba las letras del CD
diciendo que no parecen las de una mamá que compra ofertas
en el Walmart. El pop es la vida tal como tendría que ser,
no la vida como es, cosa que sucede en muy pocos sitios
con el nivel de verdad (o, mejor, verosímil) que es capaz
de contener una canción gigante de tres minutos.

Femme Fatale , además, no trata sobre bailar y trasnochar,
es bailar y trasnochar, a la hora que sea: no lee ni interpreta;
actúa, interviene, incita. Los dos primeros singles ya lo
dejaban en claro, y para que no haya malos entendidos son
los que abren el disco. Firmados por la dupla de productores
top Dr. Luke y Max Martin, Till the World Ends y Hold It
Against Me marcan el tono, que será necesariamente de
contrastes: producción impecablemente desquiciada, espíritu
oscuro pero amable y vital (con notas de tristeza en nariz,
diría un sommelier del pop), familiar extrañeza. La voz de
Britney hecha transformer , siempre autotuneada hasta lo
biónico, y una inyección de dubstep que nada tiene que ver
con el “consumo social” o un mero maquillaje, sino con una
sobredosis de ese género que no aporta precisamente confort,
pero sí convierte a Femme Fatale en pura música para volar.

La decisión de ponerse las plumas, los tacos y el rimmel,
retocarse las raíces y salir hecha un demonio al centro de
la pista es de una determinación y una radicalidad extraordinarias.
Que eso se haya aplaudido (y mucho) en Madonna y se aplauda
(y muchísimo) en Lady Gaga, dos mujeres que al lado de Ms Spears
son calculadoras disfrazadas de madamas, indica que algo no
funciona del todo bien. Britney va más alto, más fuerte
y más lejos. Siempre.

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